
Aproximadamente a 5 km del centro de la ciudad se eleva a 295 metros sobre el nivel del mar el Cerro El Centinela. Su existencia data desde hace algo más de 2300 millones de años. La piedra llamada El Centinela pesa una 72 ton, mide más de 7 mt de alto y forma parte del sistema de Tandilia. Sus caras planas y redondeadas se deben a la erosión a la que se encuentra sometida desde que se formó.
En este lugar la naturaleza, gastronomía y diferentes actividades educativas y recreativas se juntan para constituir uno de los principales puntos turísticos de la ciudad de Tandil.
La llegada al cerro puede realizarse en automóvil o bicicleta y su recorrido interno es necesariamente caminando, con un nivel de dificultad bajo.
Eran los primeros tiempo del Fuerte Independencia. Algunos soldados que se aventuraban en vespertinas cacerías hacia los inexplorados rincones de las serranías, habían traído la noticia de una hermosa y extraña jovencita, llamada Amaike, que desaparecía con habilidad en cuanto se sentía observada, volviéndose inútil toda tarea tendiente a encontrarla.
Su madre india había muerto cuando ella era muy niña, vivía junto a su padre de ascendencia extranjera. Los aborígenes respetaban a Amaike como cosa sagrada. Encontraban algo divino en ella, cuya mirada serena pero profunda los hacia mantener distancia y conformarse con contemplarla. Yanquetruz, integrante de unas de las tribus diezmadas en la Campaña del Desierto, se enamoró perdidamente de Amaike.
Al principio, la miraba a la distancia. Luego, iba a su encuentro, ganando poco a poco su confianza, asi la bella jovén se enamoró de él. Yanquetruz, vigilante, se situaba en su natural mirador de la colina, como un centinela y espera las salidas de la hermosa muchacha.
El amor los unió firmemente. Los soldados juraron traer prisionera a la "endiablada" indiecita. Apostados en los senderos, lograron sorprender a la escurridiza muchacha. Amaike, se defendió con coraje para no perder la libertad que la alejaba de su lugar y su amor pero todo fue en vano. Al día siguiente, se supo que Amaile había sido capturada por el hombre blanco.
Su recuerdo entre los indios se fue apagándo no para Yanquetruz, que en lo alto de la colina paso días y días con la esperanza de volver a verla. Quienes visitan a la erguida piedra ven a través de sus contornos la figura imperturbable de quien espera todavía fiel a su amor.